¿Qué piensan los hombres?
araceli-g dice:
Qué vertiginoso es el paso del tiempo. Sobre todo, cuando transcurre mientras disfrutamos de lo que hacemos y en buena compañía. Recuerdo perfectamente cuando el vértigo del primer programa se transformó en puro placer durante la entrevista con Guillermo Francella. En lo personal “¿Qué piensan los hombres?” es un espacio de descubrimiento, de placer y de aprendizaje. En cada uno de los programas confirmo que la charla siempre genera una dinámica maravillosa que permite el encuentro. Y cuando sucede, entre un hombre y una mujer dispuestos a escucharse, el resultado siempre es enriquecedor. La prueba de ello es que el año próximo seguiré buscando respuesta a la pregunta que da nombre a este programa que adoro. Afortunadamente hay tantas respuestas como hombres en el mundo. Probablemente ahí reside el fascinante misterio, la razón de la curiosidad femenina y el deseo de seguir explorando. 
Gracias por acompañarme y por tantos mensajes cariñosos. Siempre estaré agradecida a mi profesión por acercarme el cariño de tanta gente. Me despido, pero sólo hasta el año próximo. Mientras tanto, hombres y mujeres pueden ir haciendo su propio trabajo de campo. Les aseguro que acercarse al sexo opuesto para conocerlo y entenderlo es una tarea fascinante. El año que viene yo continuaré con este apasionante desafío. Nos esperan encuentros con hombres talentosos y amados por el público. No les anticipo los nombres, pero les aseguro que gracias a ellos será aún más inmenso el placer de seguir averiguando: ¿Qué piensan los hombres? 
Los espero.
¡Hasta el año que viene!

Qué vertiginoso es el paso del tiempo. Sobre todo, cuando transcurre mientras disfrutamos de lo que hacemos y en buena compañía. Recuerdo perfectamente cuando el vértigo del primer programa se transformó en puro placer durante la entrevista con Guillermo Francella. En lo personal “¿Qué piensan los hombres?” es un espacio de descubrimiento, de placer y de aprendizaje. En cada uno de los programas confirmo que la charla siempre genera una dinámica maravillosa que permite el encuentro. Y cuando sucede, entre un hombre y una mujer dispuestos a escucharse, el resultado siempre es enriquecedor. La prueba de ello es que el año próximo seguiré buscando respuesta a la pregunta que da nombre a este programa que adoro. Afortunadamente hay tantas respuestas como hombres en el mundo. Probablemente ahí reside el fascinante misterio, la razón de la curiosidad femenina y el deseo de seguir explorando.

Gracias por acompañarme y por tantos mensajes cariñosos. Siempre estaré agradecida a mi profesión por acercarme el cariño de tanta gente. Me despido, pero sólo hasta el año próximo. Mientras tanto, hombres y mujeres pueden ir haciendo su propio trabajo de campo. Les aseguro que acercarse al sexo opuesto para conocerlo y entenderlo es una tarea fascinante. El año que viene yo continuaré con este apasionante desafío. Nos esperan encuentros con hombres talentosos y amados por el público. No les anticipo los nombres, pero les aseguro que gracias a ellos será aún más inmenso el placer de seguir averiguando: ¿Qué piensan los hombres?

Los espero.

¡Hasta el año que viene!

araceli-g dice:
José Luis Rodríguez
Camino a Telefé para entrevistar al Puma Rodríguez pensaba cuántas canciones de él podía cantar si necesidad de leer la letra. Sin darnos cuenta, un artista popular forma parte de nuestra vida. Un fenómeno que sucede sin que reflexionemos y que tiene una importante conexión con nuestra historia y nuestras emociones. Llegué al estudio antes de que el Puma terminara de grabar y lo pude ver en acción, mientras se desempeñaba como jurado del reality show “La voz”. El Puma es un apasionado en su trabajo, pero por sobre todas las cosas, es un ser humano excepcional. Me encantó ver cómo se relacionaba con los concursantes y lo contenedor que es con los que quedan en el camino. Me vio y, caballero como es, enseguida se acercó a saludarme. A los pocos minutos comenzamos la entrevista. No hubo aclaraciones previas ni demasiados preparativos. Con el Puma todo fluye espontáneamente. Es un hombre fácil de llevar porque tiene muy buen humor y transmite en la charla la misma alegría que tiene su música. Si tuviera que definirlo, diría que la pasión es su cualidad fundamental. Y con él confirmo que un apasionado lleva esta característica a todos los ámbitos de su vida.
Como padre de mujeres, sabe interpretar como pocos el lenguaje, para llegarnos con sus letras. Y en la vida personal, aprendió a relacionarse con sus hijas y su esposa. Apostar al amor para él no es un riesgo sino una necesidad. Y eso demuestra que para muchos hombres la vida sentimental ocupa un lugar tan importante como para nosotras. Después de todo, ¿quién dijo que el romanticismo es privativo del universo femenino? El Puma no sólo le canta al amor, es un romántico en la vida, y su mujer es testigo de que mi observación no es sólo una frase hecha.
Aún siendo una estrella, el Puma tiene muy claro que cuando llega a casa es esposo, padre amoroso y amante de la vida familiar. La fama, lejos de generarle conflictos, lo reconforta. Porque sabe que es el resultado de haber trabajado con pasión para desarrollar una carrera que ama, y por la que agradece a diario. Adoré descubrir a un ser humano tan coherente, tan consecuente con lo que piensa a la hora de actuar sobre un escenario o en la vida. 

José Luis Rodríguez

Camino a Telefé para entrevistar al Puma Rodríguez pensaba cuántas canciones de él podía cantar si necesidad de leer la letra. Sin darnos cuenta, un artista popular forma parte de nuestra vida. Un fenómeno que sucede sin que reflexionemos y que tiene una importante conexión con nuestra historia y nuestras emociones. Llegué al estudio antes de que el Puma terminara de grabar y lo pude ver en acción, mientras se desempeñaba como jurado del reality show “La voz”. El Puma es un apasionado en su trabajo, pero por sobre todas las cosas, es un ser humano excepcional. Me encantó ver cómo se relacionaba con los concursantes y lo contenedor que es con los que quedan en el camino. Me vio y, caballero como es, enseguida se acercó a saludarme. A los pocos minutos comenzamos la entrevista. No hubo aclaraciones previas ni demasiados preparativos. Con el Puma todo fluye espontáneamente. Es un hombre fácil de llevar porque tiene muy buen humor y transmite en la charla la misma alegría que tiene su música. Si tuviera que definirlo, diría que la pasión es su cualidad fundamental. Y con él confirmo que un apasionado lleva esta característica a todos los ámbitos de su vida.

Como padre de mujeres, sabe interpretar como pocos el lenguaje, para llegarnos con sus letras. Y en la vida personal, aprendió a relacionarse con sus hijas y su esposa. Apostar al amor para él no es un riesgo sino una necesidad. Y eso demuestra que para muchos hombres la vida sentimental ocupa un lugar tan importante como para nosotras. Después de todo, ¿quién dijo que el romanticismo es privativo del universo femenino? El Puma no sólo le canta al amor, es un romántico en la vida, y su mujer es testigo de que mi observación no es sólo una frase hecha.

Aún siendo una estrella, el Puma tiene muy claro que cuando llega a casa es esposo, padre amoroso y amante de la vida familiar. La fama, lejos de generarle conflictos, lo reconforta. Porque sabe que es el resultado de haber trabajado con pasión para desarrollar una carrera que ama, y por la que agradece a diario. Adoré descubrir a un ser humano tan coherente, tan consecuente con lo que piensa a la hora de actuar sobre un escenario o en la vida. 

araceli-g dice:
Gonzalo Valenzuela
Sin ánimo de establecer juicios de valor y tan solo con la intención de diferenciar categorías a la hora de hablar de hombres, diría que están aquellos que son fácilmente reconocibles, cercanos a los estereotipos, y otros que representan un verdadero misterio si pretendemos saber quiénes son, basándonos sólo en la primera impresión. Tal es el caso de Gonzalo Valenzuela. Es buen mozo, pero no el típico galán. Es silencioso, pero a la vez muy comunicativo. Por momentos parece distante, pero es intenso. Claro que todo eso lo vas descubriendo a medida que lo conocés y él decide abrir su corazón.
Nos encontramos para hacer la entrevista en el lugar donde Gonzalo entrena boxeo, para componer su personaje en la tira televisiva “Sos mi hombre”. Al principio sentí que no iba ser fácil lograr el clima relajado que me gusta tener en la charla con mis invitados. Sin embargo, cuando comenzamos a hablar, se derribaron todas las barreras y conocí a un hombre realmente maravilloso.
Confieso que me conmovió especialmente cuando hablamos de sus hijos. Me impresionó cómo al nombrarlos se le transformaba la cara y se conectaba de un modo sorprendente con la ternura. Mientras lo observaba comprobé, una vez más, lo poderoso que es un hombre cuando muestra su sensibilidad. Me pareció admirable cómo logra expresar con claridad lo que piensa y siente, sin dejarse confundir por el qué dirán. Creo que esto es muy meritorio, por tratarse de un hombre que tuvo que superar situaciones difíciles, sobrellevando la exposición pública. Pero aún así, nada lo hizo traicionar sus sentimientos, y eso habla de un hombre bien plantado ante la vida.
Nos despedimos y lo dejé entrenando con pasión. Me da la sensación de que Gonzalo Valenzuela lo hace todo con intensidad. Traté de dimensionar la fortaleza de este hombre que superó tantas situaciones dolorosas y me estremecí. Pensé en aquella frase que afirma que lo que no te mata te fortalece. El dolor sin duda lo fortaleció, pero me dio la sensación de que también le otorgó la sabiduría para disfrutar de las cosas realmente importantes de la vida.

Gonzalo Valenzuela

Sin ánimo de establecer juicios de valor y tan solo con la intención de diferenciar categorías a la hora de hablar de hombres, diría que están aquellos que son fácilmente reconocibles, cercanos a los estereotipos, y otros que representan un verdadero misterio si pretendemos saber quiénes son, basándonos sólo en la primera impresión. Tal es el caso de Gonzalo Valenzuela. Es buen mozo, pero no el típico galán. Es silencioso, pero a la vez muy comunicativo. Por momentos parece distante, pero es intenso. Claro que todo eso lo vas descubriendo a medida que lo conocés y él decide abrir su corazón.

Nos encontramos para hacer la entrevista en el lugar donde Gonzalo entrena boxeo, para componer su personaje en la tira televisiva “Sos mi hombre”. Al principio sentí que no iba ser fácil lograr el clima relajado que me gusta tener en la charla con mis invitados. Sin embargo, cuando comenzamos a hablar, se derribaron todas las barreras y conocí a un hombre realmente maravilloso.

Confieso que me conmovió especialmente cuando hablamos de sus hijos. Me impresionó cómo al nombrarlos se le transformaba la cara y se conectaba de un modo sorprendente con la ternura. Mientras lo observaba comprobé, una vez más, lo poderoso que es un hombre cuando muestra su sensibilidad. Me pareció admirable cómo logra expresar con claridad lo que piensa y siente, sin dejarse confundir por el qué dirán. Creo que esto es muy meritorio, por tratarse de un hombre que tuvo que superar situaciones difíciles, sobrellevando la exposición pública. Pero aún así, nada lo hizo traicionar sus sentimientos, y eso habla de un hombre bien plantado ante la vida.

Nos despedimos y lo dejé entrenando con pasión. Me da la sensación de que Gonzalo Valenzuela lo hace todo con intensidad. Traté de dimensionar la fortaleza de este hombre que superó tantas situaciones dolorosas y me estremecí. Pensé en aquella frase que afirma que lo que no te mata te fortalece. El dolor sin duda lo fortaleció, pero me dio la sensación de que también le otorgó la sabiduría para disfrutar de las cosas realmente importantes de la vida.

araceli-g dice:
Diego Forlán
Llegué al Lawn Tennis de Uruguay antes que Diego Forlán y recordé lo encantador que es el clima de club. La gente es cálida y bien dispuesta, y aunque ya es una institución grande, logra mantener el clima familiar que contagia una mística muy especial. Inmediatamente confirmé que era el lugar ideal para la entrevista.  Nada mejor que el club de su infancia para que Diego se sintiera como en casa. 
Cuando llegó, acompañado de su hermano, se lo veía en su ambiente. Nadie le era ajeno; todos los que se acercaban sabían de él pero no por haberlo visto en las tapas de los diarios o de las revistas deportivas, sino por conocer al chico que jugaba tenis sólo por gusto, antes de descubrir su increíble potencial como futbolista.
De inmediato noté que la estrella del fútbol internacional no perdió en absoluto al chico de barrio. Y ahí reside justamente su verdadera esencia. Fue curioso descubrir que tenemos tanto en común. Cómo no voy a entender que se haya aprendido la receta de las milanesas de su mamá en Londres, porque extrañaba la comida casera. Lo mismo me pasa todo el tiempo con muchos sabores y lugares de mi infancia. Lo escuchaba hablando de su familia y podía reconocerme en su relato, en la felicidad y el amor con el que se refería a sus padres, sus hermanos y sus sobrinos. 
¡Qué cachetazo a los estereotipos! Diego Forlán es guapísimo y no es mujeriego. Es una estrella, pero también muy sencillo. Tiene el “physique du rôle” de un tenista, pero es uno de los mejores futbolistas del mundo. Tiene fama y dinero, pero prefiere la vida familiar a las fiestas y la noche. Una buena lección para las mujeres que más de una vez tomamos decisiones, dando por cierto que la primera impresión es la que cuenta. Los prejuicios pueden ser una buena herramienta siempre y cuando no nos nublen el juicio. Hombres como Diego nos enseñan que hay infinidad de casos que pueden ser, para bien o para mal, lo opuesto a lo que parecen. 
Este ingrediente hizo de este encuentro una experiencia maravillosa. Diego fue, hasta último momento, una verdadera revelación. Cuando nos estábamos despidiendo me dijo: “te recuerdo con un jardinero amarillo en La banda del Golden Rocket”, refiriéndose a la gráfica de un programa de televisión del que participé en la década del 90. Entonces, advertí que posiblemente Diego también tendría una imagen previa sobre mí. 
Ahora que escribo me doy cuenta que no le pregunté si la Araceli que había conocido era como la que había construido a partir de esa foto. Me guardo la pregunta para la próxima, pero me quedo con el placer de haber conocido a un hombre que, en lo esencial, no piensa tan distinto a mí.

Diego Forlán

Llegué al Lawn Tennis de Uruguay antes que Diego Forlán y recordé lo encantador que es el clima de club. La gente es cálida y bien dispuesta, y aunque ya es una institución grande, logra mantener el clima familiar que contagia una mística muy especial. Inmediatamente confirmé que era el lugar ideal para la entrevista.  Nada mejor que el club de su infancia para que Diego se sintiera como en casa. 

Cuando llegó, acompañado de su hermano, se lo veía en su ambiente. Nadie le era ajeno; todos los que se acercaban sabían de él pero no por haberlo visto en las tapas de los diarios o de las revistas deportivas, sino por conocer al chico que jugaba tenis sólo por gusto, antes de descubrir su increíble potencial como futbolista.

De inmediato noté que la estrella del fútbol internacional no perdió en absoluto al chico de barrio. Y ahí reside justamente su verdadera esencia. Fue curioso descubrir que tenemos tanto en común. Cómo no voy a entender que se haya aprendido la receta de las milanesas de su mamá en Londres, porque extrañaba la comida casera. Lo mismo me pasa todo el tiempo con muchos sabores y lugares de mi infancia. Lo escuchaba hablando de su familia y podía reconocerme en su relato, en la felicidad y el amor con el que se refería a sus padres, sus hermanos y sus sobrinos. 

¡Qué cachetazo a los estereotipos! Diego Forlán es guapísimo y no es mujeriego. Es una estrella, pero también muy sencillo. Tiene el “physique du rôle” de un tenista, pero es uno de los mejores futbolistas del mundo. Tiene fama y dinero, pero prefiere la vida familiar a las fiestas y la noche. Una buena lección para las mujeres que más de una vez tomamos decisiones, dando por cierto que la primera impresión es la que cuenta. Los prejuicios pueden ser una buena herramienta siempre y cuando no nos nublen el juicio. Hombres como Diego nos enseñan que hay infinidad de casos que pueden ser, para bien o para mal, lo opuesto a lo que parecen. 

Este ingrediente hizo de este encuentro una experiencia maravillosa. Diego fue, hasta último momento, una verdadera revelación. Cuando nos estábamos despidiendo me dijo: “te recuerdo con un jardinero amarillo en La banda del Golden Rocket”, refiriéndose a la gráfica de un programa de televisión del que participé en la década del 90. Entonces, advertí que posiblemente Diego también tendría una imagen previa sobre mí. 

Ahora que escribo me doy cuenta que no le pregunté si la Araceli que había conocido era como la que había construido a partir de esa foto. Me guardo la pregunta para la próxima, pero me quedo con el placer de haber conocido a un hombre que, en lo esencial, no piensa tan distinto a mí.

araceli-g dice:
Juanes
Durante mi paso por Miami recibí la confirmación de la entrevista con Juanes en New York. A pesar de que no estaba en los planes, me entusiasmé muchísimo por dos razones: adoro New York y tenía muchas ganas de tenerlo a Juanes en el programa. 
El viaje fue un placer y cuando llegué a la ciudad, estaba increíble. Me encanta la sensación que me genera este lugar. El ritmo es vertiginoso y cuando camino por las calles, respiro una sensación de libertad muy particular. Hay tantas cosas para hacer que entiendo que para algunas personas resulte abrumador. Pero me provoca una adrenalina tal, que siento que en este lugar dormir es perder el tiempo. Cuando me contaron que la entrevista estaba pautada en un hotel boutique del “Meat Packing”, aluciné. 
La zona reúne todo lo que disfruto: arte, diseño y “Pastis”: un restaurante con mesitas en la calle que representa el espíritu de Greenwich Village. ¡Cómo me gusta comer en esa esquina tan encantadora! Por supuesto, me hice un ratito para darme el gusto. Confieso que soy bastante ordenada y me gusta planificarlo todo. Sin embargo, debo admitir que algunas veces no está nada mal que lo imprevisto me sorprenda, sobre todo cuando lo que surge es tan maravilloso. 
El encuentro con Juanes fue inolvidable. Este artista está lejos de ser el personaje que se pone el cassette y repite palabras vacías de todo sentido cuando está frente a la cámara. A pesar de que hacía horas que estaba brindando entrevistas por el lanzamiento de su disco “La señal”, cuando se sentó conmigo se mostró realmente dispuesto a la charla. Y tal es así que el tiempo pactado inicialmente se extendió hasta entrada la noche, algo nada habitual en la ajustada agenda de una celebridad de la música. 
Juanes es esa clase de hombre que te habla mirándote a los ojos. ¿Y qué mujer no se rinde ante alguien así? No existieron temas tabú. Realmente me di el gusto de preguntarle todo lo que quise. Hablamos de su música, de su vida, del amor. 
Me impresionó su valentía para confesarse vulnerable, su humildad para hablar de sus errores, su capacidad para respetar sus sentimientos y su claridad para definir lo que es el éxito para él. No es fácil ser un artista en la cima de la carrera y admitir que el éxito lo estaba asfixiando. Se requiere sensibilidad para advertir que se ha descuidado la  vida personal, pero mucha valentía para hacer lo necesario para repararlo y recuperarlo.
Me encantó escuchar a un hombre que confiesa haber aprendido de sus errores. Eso es para mí evolucionar, algo que sin duda nos hace mejores personas. 

Juanes

Durante mi paso por Miami recibí la confirmación de la entrevista con Juanes en New York. A pesar de que no estaba en los planes, me entusiasmé muchísimo por dos razones: adoro New York y tenía muchas ganas de tenerlo a Juanes en el programa.

El viaje fue un placer y cuando llegué a la ciudad, estaba increíble. Me encanta la sensación que me genera este lugar. El ritmo es vertiginoso y cuando camino por las calles, respiro una sensación de libertad muy particular. Hay tantas cosas para hacer que entiendo que para algunas personas resulte abrumador. Pero me provoca una adrenalina tal, que siento que en este lugar dormir es perder el tiempo. Cuando me contaron que la entrevista estaba pautada en un hotel boutique del “Meat Packing”, aluciné.

La zona reúne todo lo que disfruto: arte, diseño y “Pastis”: un restaurante con mesitas en la calle que representa el espíritu de Greenwich Village. ¡Cómo me gusta comer en esa esquina tan encantadora! Por supuesto, me hice un ratito para darme el gusto. Confieso que soy bastante ordenada y me gusta planificarlo todo. Sin embargo, debo admitir que algunas veces no está nada mal que lo imprevisto me sorprenda, sobre todo cuando lo que surge es tan maravilloso.

El encuentro con Juanes fue inolvidable. Este artista está lejos de ser el personaje que se pone el cassette y repite palabras vacías de todo sentido cuando está frente a la cámara. A pesar de que hacía horas que estaba brindando entrevistas por el lanzamiento de su disco “La señal”, cuando se sentó conmigo se mostró realmente dispuesto a la charla. Y tal es así que el tiempo pactado inicialmente se extendió hasta entrada la noche, algo nada habitual en la ajustada agenda de una celebridad de la música.

Juanes es esa clase de hombre que te habla mirándote a los ojos. ¿Y qué mujer no se rinde ante alguien así? No existieron temas tabú. Realmente me di el gusto de preguntarle todo lo que quise. Hablamos de su música, de su vida, del amor.

Me impresionó su valentía para confesarse vulnerable, su humildad para hablar de sus errores, su capacidad para respetar sus sentimientos y su claridad para definir lo que es el éxito para él. No es fácil ser un artista en la cima de la carrera y admitir que el éxito lo estaba asfixiando. Se requiere sensibilidad para advertir que se ha descuidado la  vida personal, pero mucha valentía para hacer lo necesario para repararlo y recuperarlo.

Me encantó escuchar a un hombre que confiesa haber aprendido de sus errores. Eso es para mí evolucionar, algo que sin duda nos hace mejores personas. 

araceli-g dice:
Juan Pablo Montoya
Juan Pablo Montoya es el único latino que corre en el Nascar. Para entrevistarlo viajé a Darlington, ciudad donde se encuentra la pista de carreras de esta categoría más famosa de los Estados Unidos. Si bien nunca había estado en este lugar, me resultó familiar porque aquí se filmaron muchas películas.
Les confieso que este viaje me emocionó especialmente porque adoro el automovilismo, y entrevistar a Montoya en una pista tan importante es algo así como concretar un sueño de la infancia. 
Crecí a pocas cuadras del autódromo de Buenos Aires. Mi papá armaba autos de carrera y me contagió esa pasión por la velocidad, desde el momento en que me regaló el primer karting. Cierro los ojos y puedo verme con apenas cuatro años, usando el casco y tratando de alcanzar los pedales. Recuerdo que me encantaba acompañar a mi papá a ver las carreras. Ir al autódromo era para mí algo así como ir a la plaza. Es por eso que la estridencia de los motores en la pistas, lejos de molestarme, me fascina. 
A la emoción de conocer el circuito Nascar de Darlington se sumó la alegría de entrevistar a Juan Pablo. Me encantó descubrir que, cuando no está al volante, es un hombre que disfruta la serenidad del golf y lleva una vida familiar súper tranquila. Es curioso cómo una persona puede reunir con armonía ciertos contrastes. 
En el caso de Montoya, creo que su secreto es esa combinación perfecta entre la pasión por la adrenalina de las carreras y la calma de su hogar. 
Un dato que me sorprendió especialmente es que cuando está en la ciudad, quien maneja es su mujer. 
Me resultó curioso que le ceda a ella el control, aunque reconozco que es sabio aprender a “dejarse llevar”. Este hombre que confiesa que no tolera ver llorar a las mujeres, encontró a una que le permitió entregarse.
Fue gratificante descubrir que, en un deporte que una presume “machista”, hay un hombre respetuoso que jamás pronunciaría la frase “andá a lavar los platos”, cuando la que conduce es una dama. Quizá porque el machismo le es ajeno, Juan Pablo me preguntó con cierta candidez por qué las mujeres somos tan manipuladoras. ¿Debería haberle contestado que está en nuestra naturaleza? ¡Jamás! Soy mujer. Le respondí: “porque ustedes son inalcanzables”. Y nos despedimos porque al día siguiente tenía una carrera importante. ¿Cómo será el vértigo del día previo? 
Me acordé de Carola Casini, un personaje que interpreté hace unos años en una tira de televisión. No se imaginan cuanto disfruté de ese personaje. Carola era una corredora de autos que amaba la velocidad y los autos tanto como yo. 
Por todo esto, fue muy lindo conocer a Montoya. Fue apasionante estar en la pista de Darligton. Me llevo un maravilloso recuerdo de mi paso por este lugar y la sensación de que para dominar el vértigo hay que conquistar la serenidad.

Juan Pablo Montoya

Juan Pablo Montoya es el único latino que corre en el Nascar. Para entrevistarlo viajé a Darlington, ciudad donde se encuentra la pista de carreras de esta categoría más famosa de los Estados Unidos. Si bien nunca había estado en este lugar, me resultó familiar porque aquí se filmaron muchas películas.

Les confieso que este viaje me emocionó especialmente porque adoro el automovilismo, y entrevistar a Montoya en una pista tan importante es algo así como concretar un sueño de la infancia.

Crecí a pocas cuadras del autódromo de Buenos Aires. Mi papá armaba autos de carrera y me contagió esa pasión por la velocidad, desde el momento en que me regaló el primer karting. Cierro los ojos y puedo verme con apenas cuatro años, usando el casco y tratando de alcanzar los pedales. Recuerdo que me encantaba acompañar a mi papá a ver las carreras. Ir al autódromo era para mí algo así como ir a la plaza. Es por eso que la estridencia de los motores en la pistas, lejos de molestarme, me fascina.

A la emoción de conocer el circuito Nascar de Darlington se sumó la alegría de entrevistar a Juan Pablo. Me encantó descubrir que, cuando no está al volante, es un hombre que disfruta la serenidad del golf y lleva una vida familiar súper tranquila. Es curioso cómo una persona puede reunir con armonía ciertos contrastes.

En el caso de Montoya, creo que su secreto es esa combinación perfecta entre la pasión por la adrenalina de las carreras y la calma de su hogar.

Un dato que me sorprendió especialmente es que cuando está en la ciudad, quien maneja es su mujer.

Me resultó curioso que le ceda a ella el control, aunque reconozco que es sabio aprender a “dejarse llevar”. Este hombre que confiesa que no tolera ver llorar a las mujeres, encontró a una que le permitió entregarse.

Fue gratificante descubrir que, en un deporte que una presume “machista”, hay un hombre respetuoso que jamás pronunciaría la frase “andá a lavar los platos”, cuando la que conduce es una dama. Quizá porque el machismo le es ajeno, Juan Pablo me preguntó con cierta candidez por qué las mujeres somos tan manipuladoras. ¿Debería haberle contestado que está en nuestra naturaleza? ¡Jamás! Soy mujer. Le respondí: “porque ustedes son inalcanzables”. Y nos despedimos porque al día siguiente tenía una carrera importante. ¿Cómo será el vértigo del día previo?

Me acordé de Carola Casini, un personaje que interpreté hace unos años en una tira de televisión. No se imaginan cuanto disfruté de ese personaje. Carola era una corredora de autos que amaba la velocidad y los autos tanto como yo.

Por todo esto, fue muy lindo conocer a Montoya. Fue apasionante estar en la pista de Darligton. Me llevo un maravilloso recuerdo de mi paso por este lugar y la sensación de que para dominar el vértigo hay que conquistar la serenidad.

araceli-g dice:
Osvaldo Ríos
Cuando pienso en Miami siempre me la imagino en un día de sol. Sin embargo, esta vez me recibió la lluvia. El clima me preocupaba porque teníamos que reprogramar la locación de la entrevista con Osvaldo Ríos; ya no era posible la idea de grabar al aire libre. Cuando esto sucede, el equipo de producción se pone en marcha y, afortunadamente, siempre se logra un buen “plan b”. 
Esta vez, la solución la propuso Osvaldo quien nos sugirió encontrarnos en el restaurante de un amigo. El gesto me relajó frente a mi próximo invitado que, por las vueltas del destino, se había transformado en el anfitrión. Así fue que de buenas a primeras yo era la visitante; Osvaldo Ríos me había llevado a su terreno. Confieso que la situación me puso un poco nerviosa porque de alguna manera había perdido el control de la cita. Pero haciendo un programa que incluye viajes y escenarios diferentes todo el tiempo, estoy aprendiendo a sorprenderme y cada vez me relajo un poco más frene a lo nuevo. 
Y ahí estaba yo llegando ante este hombre que hasta el momento se me presentaba como un verdadero enigma. Durante la charla lo observé detenidamente intentando descifrarlo. Pulcro, riguroso hasta en el ritual de fumar su pipa, de mirada intensa. Creo que la palabra que mejor lo define es misterio, y me pregunté si no era ese uno de los aspectos de la seducción.
Lo curioso es que este hombre que logró conquistar el mundo con su profesión, hoy busca adueñarse de su tiempo. Pocos imaginan la entrega que exige el éxito. Me dio la impresión de que Osvaldo lo dio todo y hoy encontró, en la espiritualidad y en el amor a sus hijos, el camino para recuperar aspectos que lo conectan con su esencia. Le pregunté si estaba soltero y me respondió que sí, pero aclaró que no está solo sino que tiene muchas amigas de 20 años. ¡Cuánta sinceridad! 
La entrevista llegó a su fin y no hubo demasiado tiempo para seguir charlando cuando se apagó la cámara. Me quedo con la satisfacción de haber conocido a un artista talentoso, pero también con la certeza de que una charla no es suficiente para conocer a un hombre.

Osvaldo Ríos

Cuando pienso en Miami siempre me la imagino en un día de sol. Sin embargo, esta vez me recibió la lluvia. El clima me preocupaba porque teníamos que reprogramar la locación de la entrevista con Osvaldo Ríos; ya no era posible la idea de grabar al aire libre. Cuando esto sucede, el equipo de producción se pone en marcha y, afortunadamente, siempre se logra un buen “plan b”.

Esta vez, la solución la propuso Osvaldo quien nos sugirió encontrarnos en el restaurante de un amigo. El gesto me relajó frente a mi próximo invitado que, por las vueltas del destino, se había transformado en el anfitrión. Así fue que de buenas a primeras yo era la visitante; Osvaldo Ríos me había llevado a su terreno. Confieso que la situación me puso un poco nerviosa porque de alguna manera había perdido el control de la cita. Pero haciendo un programa que incluye viajes y escenarios diferentes todo el tiempo, estoy aprendiendo a sorprenderme y cada vez me relajo un poco más frene a lo nuevo.

Y ahí estaba yo llegando ante este hombre que hasta el momento se me presentaba como un verdadero enigma. Durante la charla lo observé detenidamente intentando descifrarlo. Pulcro, riguroso hasta en el ritual de fumar su pipa, de mirada intensa. Creo que la palabra que mejor lo define es misterio, y me pregunté si no era ese uno de los aspectos de la seducción.

Lo curioso es que este hombre que logró conquistar el mundo con su profesión, hoy busca adueñarse de su tiempo. Pocos imaginan la entrega que exige el éxito. Me dio la impresión de que Osvaldo lo dio todo y hoy encontró, en la espiritualidad y en el amor a sus hijos, el camino para recuperar aspectos que lo conectan con su esencia. Le pregunté si estaba soltero y me respondió que sí, pero aclaró que no está solo sino que tiene muchas amigas de 20 años. ¡Cuánta sinceridad!

La entrevista llegó a su fin y no hubo demasiado tiempo para seguir charlando cuando se apagó la cámara. Me quedo con la satisfacción de haber conocido a un artista talentoso, pero también con la certeza de que una charla no es suficiente para conocer a un hombre.

araceli-g dice:
Marlon Moreno
Muchas veces lo que más trabajo me demanda es lo que termina dándome más satisfacciones. Y la entrevista con Marlon Moreno tuvo algo de eso. Llegué a Bogotá y me encontré con un cambio de planes: el encuentro con Marlon no iba a ser en el estudio que habíamos pactado sino que para verlo me tenía que trasladar unos 250 kilómetros, hacia un lugar aislado donde estaba filmando “El capo”, una historia de la mafia del narcotráfico que lo tiene como protagonista.
Los detalles del viaje tuvieron todos los condimentos de aventura. Confieso que lo inesperado logró ponerme un poco nerviosa. Más aún cuando al llegar, lo primero que me aclaró Marlon fue que no hablaría de su vida privada. Su decir dejaba ver la firmeza de su decisión, por lo que la entrevista se planteaba realmente como una prueba difícil. Sin embargo, los años me enseñaron que no todo es lo que parece y a medida que fue avanzando la charla, comencé a darle valor a este hombre reflexivo y honesto. Hay personas que hablan poco y ponen distancia por su dificultad para la comunicación. Sin embargo, hay otras que son de pocas palabras pero con tanto peso que logran transmitir cosas muy profundas. Eso fue justamente lo que experimenté con Marlon. Valoré sus silencios, sus pausas y su capacidad de reflexión. 
Me sentí a gusto ante un hombre que se mostró sin dobleces, todo lo opuesto a esos príncipes azules que un día se transforman en sapo porque descubrís que te estuvieron diciendo lo que querés escuchar y no lo que realmente piensan. Yo soy de las mujeres que prefieren vivir a la intemperie de la realidad y no habitar el confort de una mentira. Cada vez valoro más la honestidad. Claro que reclamar verdad exige valentía y capacidad de aceptación. Prepararse para este proceso es difícil, pero a mi modo de ver es el mejor camino para evolucionar como persona y construir relaciones sólidas. 
Todavía tengo en la boca la sensación ardiente del tequila que compartí con Marlon Moreno, una bebida tan honesta como el actor colombiano. Cada vez más adoro la intensidad de la verdad. Es cierto que hay que ser fuerte para enfrentar las malas, pero dicen que lo que no te mata te fortalece y cuando la verdad es hermosa, el placer es incomparable.

Marlon Moreno

Muchas veces lo que más trabajo me demanda es lo que termina dándome más satisfacciones. Y la entrevista con Marlon Moreno tuvo algo de eso. Llegué a Bogotá y me encontré con un cambio de planes: el encuentro con Marlon no iba a ser en el estudio que habíamos pactado sino que para verlo me tenía que trasladar unos 250 kilómetros, hacia un lugar aislado donde estaba filmando “El capo”, una historia de la mafia del narcotráfico que lo tiene como protagonista.

Los detalles del viaje tuvieron todos los condimentos de aventura. Confieso que lo inesperado logró ponerme un poco nerviosa. Más aún cuando al llegar, lo primero que me aclaró Marlon fue que no hablaría de su vida privada. Su decir dejaba ver la firmeza de su decisión, por lo que la entrevista se planteaba realmente como una prueba difícil. Sin embargo, los años me enseñaron que no todo es lo que parece y a medida que fue avanzando la charla, comencé a darle valor a este hombre reflexivo y honesto. Hay personas que hablan poco y ponen distancia por su dificultad para la comunicación. Sin embargo, hay otras que son de pocas palabras pero con tanto peso que logran transmitir cosas muy profundas. Eso fue justamente lo que experimenté con Marlon. Valoré sus silencios, sus pausas y su capacidad de reflexión.

Me sentí a gusto ante un hombre que se mostró sin dobleces, todo lo opuesto a esos príncipes azules que un día se transforman en sapo porque descubrís que te estuvieron diciendo lo que querés escuchar y no lo que realmente piensan. Yo soy de las mujeres que prefieren vivir a la intemperie de la realidad y no habitar el confort de una mentira. Cada vez valoro más la honestidad. Claro que reclamar verdad exige valentía y capacidad de aceptación. Prepararse para este proceso es difícil, pero a mi modo de ver es el mejor camino para evolucionar como persona y construir relaciones sólidas.

Todavía tengo en la boca la sensación ardiente del tequila que compartí con Marlon Moreno, una bebida tan honesta como el actor colombiano. Cada vez más adoro la intensidad de la verdad. Es cierto que hay que ser fuerte para enfrentar las malas, pero dicen que lo que no te mata te fortalece y cuando la verdad es hermosa, el placer es incomparable.

araceli-g dice:
Jaime Camil
¡Cómo me gusta el modo de hablar de los mexicanos! Además de los lugares, cuando viajo me encanta conocer a la gente. Y en el DF disfruté del acento, la cordialidad y la galantería de los hombres mexicanos. 
Camino al restaurante donde pactamos la entrevista con Jaime Camil, repasé mis apuntes sobre la vida de este hombre que hasta el momento sólo había visto por televisión. Me enfoqué en la lectura así que no tengo claro si la distancia que me separaba del hotel era corta o si el tiempo pasó demasiado rápido, porque estaba entretenida y ni siquiera lo advertí. Lo cierto es que cuando levanté los ojos del papel, ya había llegado y estaba saludando a Jaime. Por suerte en televisión nada es tan instantáneo así que, mientras acomodaban las luces y se ocupaban de las cuestiones técnicas, tuvimos tiempo de relajarnos y entrar en clima. Jaime resultó ser un hombre tan conversador y carismático que al instante lo sentí cercano y súper accesible. 
Me sorprendió su personalidad obsesiva para el trabajo y para la vida, pero también descubrí que cuando la obsesión está mediada por la pasión, se transforma en una cualidad. Adoré escucharlo hablar de su personaje en “Por ella soy Eva”. Juro que a través de su relato pude ver la transformación de Jaime en Eva. Me impresionó lo atento a los detalles y su capacidad para evitar los estereotipos. Atención a la personalidad de este hombre, porque no cualquier actor asume un papel que representa semejantes riesgos y lo transforma en éxito. ¡Chapeau por Jaime!, y no sólo por sus logros profesionales. 
En su vida personal también me dio la impresión de haber logrado una de las cosas más difíciles: armonizar amor, familia y trabajo. Cuando uno habla de otro es inevitable no hacerlo desde los propios valores y, en mi caso,  conformar una familia y estar presente para disfrutarla es una de las claves de la felicidad.
Cuando Jaime me habló de su hija, de cómo disfruta cuando le cambia los pañales, de los acuerdos que hace a diario con su mujer para ejercer sus roles de papá y mamá, todo eso me hizo sentir cercana a este hombre que recién había conocido.
Confieso que no hay nada que me resulte más tierno que un padre hablando de su hija o un hombre hablando de las virtudes de su mujer. Para mí la idea del galán recio y esquivo al compromiso perdió todo tipo de atractivo. Siempre le digo a mis amigas que a los hombres tóxicos hay que mantenerlos a distancia.
Las mujeres tenemos que aprender a rodearnos de hombres amorosos, que nos respeten y nos quieran, aún después del amor. ¿Existen esos hombres? Yo creo que sí, son justamente aquellos que pueden ser amigos de sus ex.

Jaime Camil

¡Cómo me gusta el modo de hablar de los mexicanos! Además de los lugares, cuando viajo me encanta conocer a la gente. Y en el DF disfruté del acento, la cordialidad y la galantería de los hombres mexicanos.

Camino al restaurante donde pactamos la entrevista con Jaime Camil, repasé mis apuntes sobre la vida de este hombre que hasta el momento sólo había visto por televisión. Me enfoqué en la lectura así que no tengo claro si la distancia que me separaba del hotel era corta o si el tiempo pasó demasiado rápido, porque estaba entretenida y ni siquiera lo advertí. Lo cierto es que cuando levanté los ojos del papel, ya había llegado y estaba saludando a Jaime. Por suerte en televisión nada es tan instantáneo así que, mientras acomodaban las luces y se ocupaban de las cuestiones técnicas, tuvimos tiempo de relajarnos y entrar en clima. Jaime resultó ser un hombre tan conversador y carismático que al instante lo sentí cercano y súper accesible.

Me sorprendió su personalidad obsesiva para el trabajo y para la vida, pero también descubrí que cuando la obsesión está mediada por la pasión, se transforma en una cualidad. Adoré escucharlo hablar de su personaje en “Por ella soy Eva”. Juro que a través de su relato pude ver la transformación de Jaime en Eva. Me impresionó lo atento a los detalles y su capacidad para evitar los estereotipos. Atención a la personalidad de este hombre, porque no cualquier actor asume un papel que representa semejantes riesgos y lo transforma en éxito. ¡Chapeau por Jaime!, y no sólo por sus logros profesionales.

En su vida personal también me dio la impresión de haber logrado una de las cosas más difíciles: armonizar amor, familia y trabajo. Cuando uno habla de otro es inevitable no hacerlo desde los propios valores y, en mi caso,  conformar una familia y estar presente para disfrutarla es una de las claves de la felicidad.

Cuando Jaime me habló de su hija, de cómo disfruta cuando le cambia los pañales, de los acuerdos que hace a diario con su mujer para ejercer sus roles de papá y mamá, todo eso me hizo sentir cercana a este hombre que recién había conocido.

Confieso que no hay nada que me resulte más tierno que un padre hablando de su hija o un hombre hablando de las virtudes de su mujer. Para mí la idea del galán recio y esquivo al compromiso perdió todo tipo de atractivo. Siempre le digo a mis amigas que a los hombres tóxicos hay que mantenerlos a distancia.

Las mujeres tenemos que aprender a rodearnos de hombres amorosos, que nos respeten y nos quieran, aún después del amor. ¿Existen esos hombres? Yo creo que sí, son justamente aquellos que pueden ser amigos de sus ex.

araceli-g dice:
Jencarlos Canela
En Miami las tormentas nunca son largas. Por eso, aunque nos recibió un día de lluvia, sabía que no me iba a ir sin ver el sol. Y así fue, tan maravilloso como hace apenas unos meses cuando había visitado la ciudad con mis hijos durante unos días de vacaciones. 
Esta vez el objetivo era entrevistar a Jencarlos Canela, un actor de origen cubano que, con apenas 23 años, ya formó una familia y disfruta de un gran momento profesional. Fue interesante escucharlo porque en muchas oportunidades pude verme reflejada en su relato. Habiendo sido mamá a los 21 años y en pleno crecimiento profesional, encontré muchas cosas en común entre su historia y la mía.
También me dio mucha ternura el encuentro porque hoy Jencarlos tiene casi la misma edad que Florcita, mi hija. En algunos momentos me parecía escucharla a ella en una de nuestras charlas sobre la vida y los proyectos. Jencarlos es un hombre de valores claros. Me conmovió la ternura con la que me habló de su familia, de sus raíces, su cultura y su historia. 
La entrevista la hicimos en un teatro que debe ser uno de los edificios más antiguos de Miami. Jencarlos me explicó que eligió ese lugar porque ahí había estudiado y le interesaba que lo conociera. Realmente fue un placer y, sin duda, me hizo descubrir un rincón más de la vida cultural de una ciudad que me encanta y a la que siempre me gusta volver.

Jencarlos Canela

En Miami las tormentas nunca son largas. Por eso, aunque nos recibió un día de lluvia, sabía que no me iba a ir sin ver el sol. Y así fue, tan maravilloso como hace apenas unos meses cuando había visitado la ciudad con mis hijos durante unos días de vacaciones.

Esta vez el objetivo era entrevistar a Jencarlos Canela, un actor de origen cubano que, con apenas 23 años, ya formó una familia y disfruta de un gran momento profesional. Fue interesante escucharlo porque en muchas oportunidades pude verme reflejada en su relato. Habiendo sido mamá a los 21 años y en pleno crecimiento profesional, encontré muchas cosas en común entre su historia y la mía.

También me dio mucha ternura el encuentro porque hoy Jencarlos tiene casi la misma edad que Florcita, mi hija. En algunos momentos me parecía escucharla a ella en una de nuestras charlas sobre la vida y los proyectos. Jencarlos es un hombre de valores claros. Me conmovió la ternura con la que me habló de su familia, de sus raíces, su cultura y su historia.

La entrevista la hicimos en un teatro que debe ser uno de los edificios más antiguos de Miami. Jencarlos me explicó que eligió ese lugar porque ahí había estudiado y le interesaba que lo conociera. Realmente fue un placer y, sin duda, me hizo descubrir un rincón más de la vida cultural de una ciudad que me encanta y a la que siempre me gusta volver.